Hola Eduardo:Me estoy poniendo al día con los correos y este artículo tuyo me conmovió profundamente.Hermosa orquídea la Lycaste , es realmente bella ; tu prosa depurada hace honor a su majestuosidad y describe de un modo casi poético su triste destino en México-Tu relato me lleva a reflexiones un tanto filosóficas sobre nuestra frágil condición con los que no quiero abrumar porque mi pesar en este momento es fuerte .El fondo del tema tiene un punto de contacto con la situación actual en Japón. '¿Qué hace el hombre del planeta y de la VIDA? Por que hoy , luego de la impiedad de la Naturaleza que castigó duramente como contrapartida al maltrato de que es objeto , estamos frente a un panorama tanto o más desolador y potencialmente devastador originado, UNA VEZ MAS, por la mano del hombre.Gracias por compartir tan excelente trabajo.Un abrazoLilianaSent: Monday, March 14, 2011 6:47 PMTo: foro orquideasSubject: [Orquisamericanas] Lycaste lasioglossaLycaste lasioglossa: La última flor
La historia de hoy es la historia de nuestro pasado reciente, es la historia de nuestro próximo futuro. Yo no estuve allí y ni siquiera me la contaron, pero no es difícil imaginar lo que sucedió. Fue en el sur de México, en la frontera con Guatemala. Allá, donde la campiña hace imaginar lo que fue el paraíso terrenal.
En la región de los Lagos de Montebello, el azul del cielo es intenso, y su reflejo en los lagos hace todo un espectáculo indescriptiblemente hermoso. Allá en la cima de un cerro, sobre una de las ramas de un añoso árbol vive una reina del bosque, la Lycaste lasioglossa. Sus flores grandes y hermosas han llamado la atención desde siempre, del tal manera que las otras plantas de su especie han sido recolectadas indiscriminadamente, y ahora es la última de su linaje. Para su desgracia, el bosque también se ha reducido en los últimos años. Antes la humedad que los árboles retenían y capturaban de la niebla generaban un mecanismo de retroalimentación positiva, y el agua permanecía todo el tiempo en el bosque. Pero ahora ya no es así, y lo que debía ser una refrescante brisa de primavera, se ha vuelto un cálido y desecante viento.
La Lycaste lasioglossa, al ser una orquídea simpodial, tiene el potencial de la eterna juventud al renovarse cada año a través de los brotes nuevos que surgen desde la base de la planta. Sin embargo, cada año le es más difícil su existencia y siente que sus fuerzas se acaban junto con el cada día más reducido bosque. Nuestra Reina ya parece más bien una diva otoñal. Ante esto, siente que tiene que tomar una acción desesperada, no hay mañana para esperar más. Lleva varios años sin poder florecer y la última vez que lo hizo ningún polinizador la visitó, pues también ellos se acabaron. Esta Reina de las flores no está acostumbrada a vivir sin su corte. Quiere volver a ser el centro de atención, aunque sea por una última vez.
Ella lleva algún tiempo movilizando sus reservas nutricionales y desarrollando un solo botón floral. Le ha susurrado al bosque sus intensiones y todo estará listo para el amanecer. De tal forma, que ya incluso antes de salir el sol, la orquesta filarmónica de aves ejecuta su más compleja melodía sólo para ella. La Reina es una verdadera hija del sol, no sólo tiene sus colores, sino que hasta algunos rayos le ha sacado al astro rey. Esta faraona en tierras mayas descubre su belleza con los primeros rayos solares. Es de una majestuosidad que deja atónito: su gran tamaño, su forma triangular y sus colores brillantes que se funden entre las líneas de luz y la penumbra del bosque. Las gotas de rocío sobre sus pétalos difractan la luz del sol, ella siente que son su mejores perlas, para los demás son destellos radiantes que engrandecen su insuperable hermosura. Sus segmentos florales se abren, extendidos como quien dirige a la orquesta, esperando las reverencias. En las frescas y húmedas horas de la mañana, el señor viento es más que bienvenido y juntos bailan de nuevo su seductor vals. La Reina se deja consentir, se balancea rítmicamente de un lado al otro, lo etéreo y lo sublime se funden en un instante mágico. Ella recuerda los viejos tiempos, se emociona y deja escapar su imaginación. Sueña que vendrá su Valentino polinizador y sus semillas volarán por todo el bosque, repoblando los árboles con su estirpe y su reino será otra vez de ensueño. Ella sueña despierta, no pide mucho, simplemente sueña con lo que debió ser.
Prácticamente al mismo tiempo, en la periferia del bosque una gran tragedia se perfila, alguien prende un cerillo y el bosque se empieza a quemar. Conforme el día avanza, el calor reseca todo y el fuego se vuelve imparable. Estos bosques hiperhúmedos nunca se habían quemado, pero la sequía de este año y lo aclarado del bosque los hicieron muy vulnerables. El fuego se extiende rápidamente, del sotobosque pasa a la copa de los árboles y todo se carboniza. Las aves, que poco antes cantaban, tienen que volar despavoridas a buscar un nuevo hogar. Las ranas, lagartijas, salamandras y otros animales pequeños tienen una peor suerte. Los afortunados mueren sofocados, los otros sienten lo que es quemarse vivo; aterrados intentan trepar a los árboles, pero sólo logran prolongar su agonía, al final la muerte es para todos. El fuego sube por la colina, y poco a poco se acerca al trono de la Reina. El calor se intensifica, primero evapora el rocío y la deja desprovista de sus perlas. Antes de poderlo lamentar, el abrazador fuego marchita sus pétalos, y poco a poco va consumiendo a todo su ser. En poco tiempo la Reina literalmente se extingue, se vuelve una bruma gris, que se va, sin recuerdo, sin reino, sin nada.
Nadie supo decir exactamente cómo se originó el fuego, ni por qué ocurrió esta fatalidad. Quizás una mala práctica agrícola o una perversa intensión para destruir al bosque y así convertirlo en potrero. Posteriormente vino lo de siempre. El leñador le echó la culpa al agricultor, y éste culpó al ganadero. El ganadero se la aventó al político porque no generó oportunidades, ni trabajo ni educación. El político, al final, simplemente le agradeció al indiferente, pues allí siempre se ahogan las culpas.
En 1998, se conjugaron una serie de factores que ocasionaron una de las peores tragedias ecológicas en los bosques mexicanos. Entre 1997-1998 ocurrió un cambio en las corrientes marinas conocido como el fenómeno del Niño, lo cual trajo como consecuencia un cambio en el régimen de precipitación pluvial en nuestro país. Este fenómeno generó un gran periodo de sequía, que se extendió desde el invierno de 1997 hasta el verano de 1998. Gran parte de la superficie forestal del sur, sureste y del occidente del país se quemaron en ese período. Entre estos se quemó el único hábitat Lycaste lasioglossa en México. Infelizmente, en esos incendios se perdieron también las únicas poblaciones conocidas de Lycaste dowiana, Mormodes breedlovei, Rossioglossum williamsianum y de otras veinte especies de orquídeas. Ninguna de estas 24 especies han vuelto a ser encontradas por los científicos en México. A más de una década de estos incendios, estas especies tendrán que ser borradas de nuestros inventarios bióticos. Es muy lamentable que ni siquiera en nuestra mayor colección botánica, el Herbario Nacional (MEXU), existan ejemplares herborizados de L. lasioglossa; hasta parece que quisiéramos negar su propia presencia en nuestro país. Más tristemente, es que seguramente en esos incendios también se perdieron para México otras especies de plantas y animales de quienes nunca sabremos su existencia, simplemente por no ser tan carismáticos.
Afortunadamente, L. lasioglossa y otras de las especies que se perdieron para México todavía se encuentran de forma silvestre en Guatemala. Ojalá estas especies allá no corran con la misma suerte que de este lado de la frontera. Por lo pronto, se podría aprovechar que aún existen allá para tratar de generar un banco de germoplasma en México, y eventualmente re-introducirlas en ciertos puntos específicos y bajo un esquema bien planeado.
Ahora conocemos la fecha en que desapareció la última flor silvestre de Lycaste lasioglossa en México. Si seguimos así de indiferentes, será cuestión de tiempo para poner una fecha para la desaparición de otras especies de orquídeas, de otras plantas y de animales, para despedir a los últimos bosques y arrecifes de coral, y eventualmente, para documentar la extinción de nuestra propia especie. ¡Ojalá aún estemos a tiempo de evitar estos eventos!
Agradezco a Carlos Higashida (Asociación Mexicana de Orquideología), Bernd Martin (Asociación Guatemalteca de Orquideología) y Tomasz Szewerniak (Asociación de Orquideología de Varsovia, Polonia) por facilitarme las fotos para ilustrar esta nota. Al Dr. Juan José Morrone por las sugerencias para mejorar este texto.
Aquí un link sobre los incendios forestales en México.
Eduardo A. Pérez García
Departamento de Ecología y Recursos Naturales
Facultad de Ciencias
Universidad Nacional Autónoma de México
Circuito Exterior s/n.
Ciudad Universitaria,
Coyoacán, México D.F., Cp. 04510
México
Re: [Orquisamericanas] Lycaste lasioglossa
18:58 |
Hola, Lalo y grupo:
No es que se nos hubiera pasado, pero creo que a mi, como a muchos, nos deja sin palabras esto que nos dices. Y aquí meto un poco la puya.
El primer aspecto es terminológico. Tu bien citas que la especie sobrevive en otras partes. Aclaro al grupo como mera cosa terminológica, que la especie no está extinta, sino extirpada de esa zona. Es decir, me explico. La extinción es para siempre. Decimos que el pájaro dodo está extinto/extinguido. Pero la Lycaste que menciona Eduardo no está extinta/extinguida. Todavía existe, supuestamente, en Guatemala y en una que otra colección o jardín botánico. Es decir, está extirpada de México, pero no extinta.
El segundo aspecto es el peliagudo punto de tomar o no plantas de sus hábitats naturales. En el caso que mencionas, Lalo, pues esas plantas que hayan sido sacadas, no para vender o cosas así, sino personas que simplemente veían una planta y la llevaban a casa.... En fin, sigue siendo un tema de muchas aristas...
Muchos saludos a todas/todos,
Antonio HR
El 17 de marzo de 2011 16:30, Liliana Pedro <lilipedro@gmail.com> escribió:
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